miércoles, 11 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A EL CHICO DEL NIKI ROJO

La siguiente entrevista a El Chico del Niki Rojo, ha sido realizada por May Morate.


- ¿Por qué El Chico del Niki Rojo? 


- ¿Y por qué no?. Mira May, los nombres, los apellidos, al final no importan nada. Este es un mundo en el que han conseguido imperar las imágenes por encima de todo. Los demás normalmente perciben de nosotros durante la vida meras representaciones sintéticas de lo que somos en realidad en cada momento, en cada etapa. De todas esas visiones de mí, me quedo con aquel chico, con o sin niki de color rojo. 


- ¿Cómo surge la idea de este Blog? 


- Supongo que ha sido una nueva forma de evasión, un divertimento desde la ironía y la crítica, una visión retrospectiva y, al mismo tiempo, muy actual. Tratar de enlazar el pasado con el presente. Compartir algunas ideas, reflexiones personales. Ese creo que ha sido el objetivo esencial. 


- Lalo, Larry y tú, una especie de Trinidad… 


- Sí, es cierto, ja, ja, ja. Tres personas distintas y una conexión verdadera. Tiene su gracia. Yo creo que cada uno ha aportado su propia impronta. Una combinación chispeante. Lalo es un espíritu crítico acerado, que acierta muchas veces en su análisis agudo de las cosas que suceden, del que se desprende la resultante de un engaño colectivo, la irresponsabilidad generalizada de los que mandan y el tormento de los que obedecen, lo cual lleva al pesimismo; mientras que el Gran Larry conserva unos rasgos sutiles, pero permanentes, una ensoñación que induce a pensar que, tal vez, desde una óptica diferente, todos los problemas puedan tener solución algún día, por la vía de compartir sentimientos, fuerzas y razones para vivir. 


- Ellos piensan que eres un personaje de culto. 


- Son unos cachondos mentales y les agradezco mucho su amistad, confianza y lealtad durante tanto tiempo. Me protegen, me cuidan. 
 

- Tú mismo me dijiste, al poco tiempo de conocernos, que habías notado una extraña protección durante toda tu existencia. 


- Lo que voy a contestarte coincide casi completamente con el texto incluido en una novela de un buen amigo mío. Una extraordinaria casualidad, otra más en mi vida. Es así como dices, siempre me consideré protegido. De niño, mi familia me quería y todos me cuidaban. En el colegio no me fue nada mal e incluso era mimado por algunos maestros y maestras porque era bueno, aplicado y disciplinado. También conocí profesores malvados o desmotivados que disfrutaban golpeando a algunos compañeros con poco interés en el estudio, pero aquellos otros me parecieron buenos profesionales que se preocupaban por mí.  


¿Era un aprecio interesado, debido a que yo no les daba problemas?. Pienso que no. Su cariño iba más allá y de eso también me di cuenta a medida que me hacía mayor. Durante la adolescencia, tuve pocos pero muy buenos amigos, que soportaban con tremendo estoicismo mi agrio carácter y mi prepotencia. Hasta me defendían cuando otros chicos pretendían agredirme y, por fortuna, no me fue necesario pelearme casi nunca ni con los amigos ni con los enemigos. Por ello, creo que me he sentido muy afortunado.  


Yo era frágil, muy delgado y llevaba gafas -lo cual entonces era una debilidad, una especie de discapacidad- y tenía otros muchos complejos, pero mis amigos, mis verdaderos amigos, jamás me minusvaloraron ni me despreciaron y yo no puedo decir lo mismo porque, a veces, me gustaba ironizar y sacar a relucir sus defectos en plan de broma, aunque, en cierto modo, les humillaba. Me sentía superior y no entiendo muy bien cómo me aguantaban, porque deberían haberme aborrecido. He lamentado siempre esa actitud mía. Reconozco que siempre necesité a mis amigos de la infancia y les he echado mucho de menos cuando, con los años, nos fuimos distanciando. 
 

Admito que me considero culpable de no haber continuado cultivando la bella planta de la amistad que nació en la época estudiantil. Luego, vinieron otros amigos, pero ya no era lo mismo, dado que con la edad nos volvemos más exigentes y selectivos. Tendemos a elegir personas y, a causa de ello, solemos quedarnos solos con nuestros problemas. Nadie quiere escuchar las penas de los demás y, si alguien lo hace, te relata pesadillas mucho más grandes que las tuyas, para no quedarse atrás, lo cual llega a servirte hasta de consuelo.   


Reconozco que soy un protegido porque, en momentos muy difíciles, cuando negros nubarrones se cernían sobre mí, en lugar de frialdad, encontré afabilidad y buena acogida; me sentí bienhallado, incluso en tierras extrañas, y disfruté muchas veces de una enorme hospitalidad. No siempre devolví rosas, sino espinas. Y siento mucho haber causado tristeza y lágrimas a personas que me entregaron su corazón. Una vez más, les pido perdón. Nunca lo hice con mala intención, sino por falta de madurez.

Volviendo a la protección, me ha sorprendido salir ileso después de haber estado a punto de perder la vida en varias ocasiones, a causa de estúpidos accidentes. Pero una mano misteriosa me salvó. 


Por todo lo anterior, confieso que me he visto siempre tutelado por el Ángel Guardián y hasta ahora, y han pasado muchos años, nunca me ha fallado. Pienso también que toda esa legión de personas que, a lo largo del tiempo, me han demostrado su cariño y su amistad, son igualmente ángeles pertenecientes a un equipo de escolta designada especialmente para mí, por algún motivo que no acierto a comprender.
 
Me he preguntado muchas veces en silencio o a gritos: ¿Por qué?. ¿Qué queréis de mí?. ¿Qué esperáis de mí?. Pero no he encontrado respuestas, ni siquiera en el viento, querido Dylan. 



- ¿Qué le pediste a la vida que no te ha concedido?.



- Creo que a la vida no deberíamos pedirle nada en especial. No tenemos derecho a ello. Más bien la cuestión sería plantearse que, si he de vivir, qué es lo que deseo hacer con mi vida y si uno está dispuesto a asumir la vida misma, con todas sus consecuencias, no siempre gratas. No obstante, asumo que hubo un tiempo en el que estuve esperando a que sucedieran cosas, que pasase algo, pero la espera fue en vano y, por contra, fue la vida misma la que se me pasó. Confieso que ahora tengo una idea de la existencia muy tamizada por la experiencia, por todo lo que he visto y observo aún. Por ejemplo, he aprendido que la vida no tiene sentido si no eres capaz de amar y dejarte ser amado por los demás. Eso es incontestable porque, si no, puedes convertirte en un muerto viviente. Aún mantengo la duda sobre si hay algún tipo de vida después de la muerte, pero lo cierto es que es preciso que haya vida, o sea, vivir en toda la dimensión del concepto, antes de morir.



- A veces, pareces demasiado exigente. ¿Qué es lo que no admites en las personas?.
 
- Desde  que era un niño, no soporto la vulgaridad, el no saber estar, no reconocer una broma, una ironía, un juego, un coqueteo, los que se lo toman todo como una afrenta personal, los que están siempre a la defensiva, los que discuten por discutir, por llevar la contraria, los malhablados, los que se sienten atacados por los otros, aquellos que carecen del más mínimo sentido del humor, los que parece que orinan colonia, los que insisten en querer situarse por encima de los demás, los ignorantes que las pasaron putas por su mala cabeza y ahora van de nuevos ricos a fuerza de aprovecharse de los otros. Tampoco aguanto a los que se ponen estupendos a la mínima. Me espanta todo ese tipo de gente y a más de uno/a les he enviado a la mierda por alguno o varios de esos motivos. Hay una pléyade de gilipollas e impresentables. No puedo con ellos, me producen náuseas. A veces, les ofreces una segunda oportunidad, pero es inútil. Son reincidentes perpetuos en la estupidez.



- Antes hablaste de retrospección. ¿Por qué esa necesidad de mirar hacia atrás?. 



- Soy consciente de que algunas personas no lo consideran imprescindible en absoluto y mantienen que lo pasado, pues pasado está. Sin embargo, yo defiendo que, para comprender el presente y plantearnos el futuro, necesitamos mirar hacia atrás de cuando en cuando. Al menos, en ese momento en que asumimos que una nueva etapa de la vida se abre ante nuestros ojos. Si este ejercicio se hiciese más a menudo, estoy convencido que no cometeríamos tantos errores, que se repiten por no recordar ni analizar lo que ocurrió, sus causas y consecuencias. Mirar atrás sirve para coger las fuerzas necesarias para acometer con más seguridad en nosotros mismos tanto el presente como lo que está por venir. Todos nos dejamos jirones del alma en el pasado y ciertas heridas tardan mucho en curar. Sólo mirando la cicatriz es posible ser consciente del daño. Y si me preguntases por mis errores, te diría que, si los pusiera en fila unos detrás de otros, sumarían más kilómetros que el diámetro de la Tierra.


- ¿Por qué cerrar el Blog cuando nos consta que se lee en muchos sitios y por bastantes personas?. 


- Muy fácil. No sé qué opinas, pero el resto del equipo estamos cansados de hablar con nosotros mismos. Pensamos que los lectores participarían, comentarían las entradas. Pero no ha sido así. No sé si se quedan apabullados y mudos con los textos o, simplemente, carecen de interés para ellos y no merecen siquiera una contestación. Hay que ser exigente con uno mismo y creo que es mejor para todos ponernos en lo peor.  


- ¿Crees que hemos fracasado?. Yo me incluyo la primera, a pesar de llegar la última. 


- Cuanto más te miro, más me recuerdas a tu tía Katherine. Me refiero a la manera de preguntar, ja, ja, ja. Te respondo diciendo que, cuando comenzamos, Lalo, Larry y yo mismo creamos unas expectativas. Íbamos como un cohete y hasta nos han reproducido entradas en algún diario de tirada nacional. Pero no es suficiente. Hay que ser consecuentes con la crítica propia y el comportamiento de los demás. Queríamos réplicas, dúplicas incluso. Y no estoy satisfecho. No me conformo con el hecho de gritar en el desierto o hablar con las paredes. Es como tirar una piedra y salir corriendo. Para eso, pues organizamos una tertulia en nuestra propia casa o tomando unas cervezas. Me pregunto qué pasa por la cabeza de un tío que está en Corea del Sur o en Ucrania o en Venezuela cuando nos lee en español y no dice nada al respecto, aunque sólo sea: “¡Qué chorrada!”. Lalo sugiere que es probable que sólo tengamos lectores entre los servicios secretos de países como USA o Rusia. ¡Eso ya sería la bomba!. Que se enteren por nosotros de lo que pasa en España sería argumento para una película de la serie B, je, je.
 

- ¿Y qué pasará con los seguidores, los amigos, los lectores habituales?. 


- Nada. Nada en absoluto. A los que recuperamos dentro del túnel del tiempo, les agradezco mucho la “rentrée” y sería una pena  si alguien pudo sentirse decepcionado en algún momento, pues  ha de comprender que las gentes cambiamos con los años, aunque sea un poco. A aquellos que se han incorporado a nuestro círculo a causa del Blog, también gracias por su compañía y fidelidad. A los de siempre, un monumento por su paciencia, su comprensión y su aguante. 


- ¿Qué va a ser de El Chico?. 


- Si alguien tiene interés en mí, sabrá cómo y dónde encontrarme. Estoy disponible y abierto a todo. Por mi parte, quiero seguir siendo como el agua y me gustaría hacer referencia a aquellas frases de Bruce Lee:  


Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella, si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Sé como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”.  


Algunos dicen, como Bruce, que hay que seguir adelante, siempre adelante. Yo mantengo algunas dudas sobre ello, pero, en el fondo, creo que tienen razón. Siempre me resistí a reconocer que el tiempo es una flecha unidireccional y que volver atrás, a veces, tiene sus problemas, pero considero que, como antes dije, es necesario precisamente para continuar por el camino, más o menos largo, más o menos difícil, que aún nos espera. 



- ¿Qué dejaste en el camino que no has podido recuperar?.



- Hay muchas cosas que se pueden volver a tener. Por ejemplo, un libro que prestamos hace años, un objeto querido que perdimos en alguna parte, un amor a causa de la distancia o la confianza en los demás. Estoy convencido de que es posible conseguir muchas cosas con la voluntad firme y la sinceridad por delante. Otras son imposibles de recuperar, por más que intentemos engañar a nuestro cerebro y disimular la realidad. En el camino yo he perdido de todo, pero me gustaría estar seguro de no haberme dejado la dignidad. Lo digo porque uno nunca sabe a ciencia cierta si sigue siendo digno de sí mismo y de los demás. Un mensaje a navegantes: te pueden perder el respeto, pero primero habría que cerciorarse de si antes te perdiste el respeto a tí mismo. Dignidad y respeto para mí son esenciales. Yo no podría vivir de rodillas, aunque nadie me respetase. Puede llegar un momento en el que los demás ya no cuentan, no importan, son prescindibles. Tal vez ese sea justo el final.



- Me asustas un poco. No me digas que te estás acercando a ese momento.



- En absoluto. Precisamente hago lo que hago porque la gente es importante para mí. Si no fuese así, por ejemplo seguiría con el Blog. Continuar sería la expresión más patente de mi indiferencia hacia las personas. Compartir ideas es fundamental. La mayoría de lo que está pasando, de tantas penalidades y falsedades, de tanta pobreza intelectual y falta de reacción u opinión, tiene su origen en el pensamiento único que nos están imponiendo. Me gustaría experimentar otras fórmulas para llegar a la gente, para sensibilizar y hacer reflexionar a los demás. Es probable que Lalo y Larry tengan más suerte y den con la clave. Pero será difícil. Gran parte de la sociedad está enmudecida y parece no existir fuera de las redes sociales, por las que, por cierto, circula una enorme cantidad de basura. Si se expresara sinceramente lo que cada uno siente de verdad, habría grandes sorpresas. Pero no es así. Esto es un gigantesco baile de máscaras. Como escribió Larry Romántico: "Nos mentimos caminando por la gran ciudad". Una lástima.


- Nos seguiremos viendo, Chico del Niki Rojo. Un abrazo fuerte. 


- Desde luego que sí, May Morate. Lo mismo para ti.

 

 

lunes, 9 de diciembre de 2013

HIPNOSIS

HIPNOSIS (por Larry Romántico)
 
Mientras regresaba a Madrid en un vuelo de Brussels Airlines, me divertí hojeando las páginas de la revista Le Soir, y me detuve en un artículo dedicado a un tal Messmer, una especie de comediante reconvertido en hipnotizador fascinante, del que pueden verse algunas actuaciones en Youtube.
 
Entonces vino a mi mente una tarde de teatro que compartí con mi familia, a principios de los años 70. El profesor Marx, reconocido dominador de la hipnosis, antes de comenzar su actuación, solicitó voluntarios de entre el público para que fuesen hipnotizados.
 
Desde luego, me negué en rotundo a subir al escenario, pero no una de mis hermanas, que se ofreció para el experimento, junto con otros valientes, aunque yo desconocía si estaban compinchados o no con el profesor. Puedo jurar que mi hermana no lo estaba.
 
Uno a uno, los fue durmiendo a todos, allí, sentados en unas sillas. A continuación, les fue convocando y encargando tareas diversas. A una señora, presuntamente dormida, le hizo cantar una canción de moda, a otro caballero le nombró doctor por un rato y se puso a tomar la temperatura a los atónitos espectadores. Mi hermana, también en estado de trance, terminó vendiendo periódicos virtuales por todo el patio de butacas.
 
Cuando la sesión tocaba a su fin, los protagonistas regresaron a sus sillas y, uno tras otro, fueron devueltos al mundo real. Cuando volvió junto a nosotros, le preguntamos a mi hermana si sabía lo que había estado haciendo, pero ella contestó que no recordaba nada. Le contamos lo que había sucedido y alucinaba. No tengo ni idea de cómo lo hizo el profesor Marx, pero con mi hermana funcionó la hipnosis a la perfección.
 
Sospecho que somos mucho más vulnerables de lo que pensamos y, probablemente, fáciles de sugestionar en cualquier momento. A mí me sigue dando terror someterme a una sesión de hipnosis, aunque reconozco que no estaría nada mal, si ello me sirviera para recordar algunas cosas y poder olvidar muchas más. Todos tenemos un lado extraño en la personalidad y una parte, más o menos oscura, en nuestro pasado.
 
Confieso que me sentiría ridículo en estado de trance, vendiendo patatas fritas y helados inexistentes en un patio de butacas de cualquier teatro,  pero me aterrorizaría mucho que alguien sondease dentro de mi mente y salieran a la luz determinadas cosas que, buenas o malas, sólo son mías.
 
Mi amigo Lalo Monsalve diría que soy un alma de cántaro y un iluso, porque en la sociedad en la que vivimos todos estamos ya hipnotizados, de una u otra manera. Puede que tenga razón y que seamos meras marionetas de alguien que nos ha absorbido el cerebro y maneja los hilos de nuestra existencia a su antojo. De lo contrario, es cierto que algunos comportamientos, acciones y omisiones de los que hacemos gala no se entienden.
 
 
 
 

domingo, 1 de diciembre de 2013

EL PROTEGIDO

(Extracto de la entrevista que hemos realizado a EL CHICO DEL NIKI ROJO, con motivo de la próxima clausura de este Blog, y que se publicará antes del final de este año)
 
"Siempre me consideré protegido. De niño, mi familia me quería y todos me cuidaban. En el colegio no me fue nada mal e incluso era mimado por algunos maestros y maestras porque era bueno, aplicado y disciplinado. También conocí profesores malvados o desmotivados que disfrutaban golpeando a algunos compañeros con poco interés en el estudio, pero aquellos otros me parecieron buenos profesionales que se preocupaban por mí.
 
¿Era un aprecio interesado, debido a que yo no les daba problemas?. Pienso que no, su cariño iba más allá y de eso también me di cuenta cuando me hice mayor. Durante la adolescencia tuve pocos, pero muy buenos amigos, que soportaban con tremendo estoicismo mi agrio carácter y mi prepotencia. Algunos hasta me defendían cuando otros chicos pretendían agredirme y, por fortuna, no me fue necesario pelearme casi nunca ni con los amigos ni con los enemigos. Por ello, creo que me he sentido muy afortunado.
 
Yo era frágil, muy delgado y llevaba gafas –lo cual era una debilidad, una especie de discapacidad- y tenía otros muchos complejos, pero mis amigos, mis verdaderos amigos, jamás me minusvaloraron ni me despreciaron y yo no puedo decir lo mismo porque, a veces, me gustaba ironizar y sacar a relucir sus defectos y, en cierto modo, les humillaba. Me sentía superior y no entiendo muy bien cómo me aguantaban, porque deberían haberme aborrecido. Reconozco que siempre necesité a mis amigos de la infancia y les he echado mucho de menos cuando, con los años, nos fuimos distanciando.
 
Admito que me considero culpable de no haber continuado cultivando la bella planta de la amistad que nació en la época estudiantil. Luego, vinieron otros amigos, pero ya no era lo mismo, dado que con la edad nos volvemos más exigentes y selectivos. Tendemos a elegir personas y, a causa de ello, solemos quedarnos solos con nuestros problemas. Nadie quiere escuchar las penas de los demás y, si alguien lo hace, te relata pesadillas mucho más grandes que las tuyas, para no quedarse atrás, lo cual llega a servirte hasta de consuelo. 
 
Reconozco que soy un protegido porque, en momentos muy difíciles, cuando negros nubarrones se cernían sobre mí, en lugar de frialdad, encontré afabilidad y buena acogida; me sentí bienhallado, incluso en tierras extrañas, y disfruté muchas veces de una enorme hospitalidad. No siempre devolví rosas, sino espinas. Y lamento profundamente haber causado tristeza y lágrimas a personas que me entregaron su corazón.

Me ha sorprendido siempre salir ileso después de haber estado a punto de perder la vida en varias ocasiones, a causa de estúpidos accidentes. Pero una mano misteriosa me salvó.
 
Por todo lo anterior, confieso que me he visto siempre tutelado por el Ángel Guardián y hasta ahora, y han pasado muchos años, nunca me ha fallado. Pienso también que toda esa legión de personas que, a lo largo del tiempo, me han demostrado su cariño y su amistad, son igualmente ángeles pertenecientes a un equipo de escolta designada especialmente para mí, por algún motivo que no acierto a comprender.

Me he preguntado muchas veces en silencio o a gritos: ¿Por qué?. ¿Qué queréis de mí?. ¿Qué esperáis de mí?. Pero no he encontrado respuestas, ni siquiera en el viento, querido Dylan".