domingo, 21 de septiembre de 2014

HAWKING

HAWKING (por Larry Romántico)

El reconocido astrofísico británico Stephen Hawking ha visitado Tenerife para participar en el Festival Starmus, congreso que tiene como objetivo la divulgación a la sociedad de los avances de la Astronomía.

Dice Hawking que no cree en Dios y, menos aún, en los milagros. Se equivoca. Es un auténtico milagro que un individuo al que le diagnosticaron una terrible enfermedad degenerativa nerviosa a los 21 años de edad y vaticinaron una esperanza de vida máxima de dos años, haya superado ya con creces los 70. Si bien es cierto que, a estas alturas, apenas puede ya comunicarse con los demás.

También dice este impresionante científico que, a pesar de haber estudiado durante toda su vida el universo, no lo comprende. Es una pena que no hubiera tenido la oportunidad de conversar, allá por los años 70 del siglo pasado, con Marc Bolan, líder de T. Rex, que, en su canción Spaceball Ricochet, aseguraba que él sólo era un hombre que comprendía el universo y todas las cosas que hacían llorar a los niños.

Tal vez la comprensión del universo sólo sea posible bajo el efecto de las drogas y de la psicodelia. Un buen amigo me confesó hace un montón de tiempo que una tarde se fumó tantos cigarrillos de marihuana que llegó a visualizar al propio Jesucristo, rodeado de un conjunto indeterminado de colosales galaxias de infinitos colores.

Yo sufro lo indecible cuando veo a Stephen tardar varios minutos en poder responder a una pregunta con sólo unas cuantas palabras. No me extraña que no crea en Dios. Se necesita mucha fé para convencerse de que la Divina Providencia sea capaz de mantener a un hombre bajo un calvario de tal calibre durante decenios. Dios, si existe, no puede tener tan mala leche. 



lunes, 1 de septiembre de 2014

CATALANOINDEPENDIENTES

CATALANOINDEPENDIENTES (por Lalo Monsalve)

Estoy cansado, aburrido, harto. Como la inmensa mayoría de los españoles. ¿De qué?. De un montón de cosas que siguen ocurriendo en este país. Entre ellas, de la machacona verborrea de Don Arturo Mas.

Este personaje lleva toda su legislatura, un día sí y otro también, con un insoportable monotema: la consulta al pueblo catalán sobre una supuesta independencia de Cataluña del resto de España.

Yo sólo le escucho hablar sobre eso. Jamás de Economía, Educación, Sanidad, Asuntos Sociales, Cultura..., ni siquiera del F.C. Barcelona, algo que sería normal para un nacionalista que presume de serlo, como él mismo.

Con esa lamentable actitud política está consiguiendo que la admiración y simpatía que muchos profesamos hacia las personas, nativas o no, que habitan en las cuatro provincias catalanas, se esté diluyendo poco a poco y convirtiendo en una pesada carga difícil de sobrellevar.

Soy consciente de que hay muchos interesados en que la consulta que propugna el Presidente Mas y la gente de ERC no se celebre jamás. Yo no estoy de acuerdo. Creo que, si existe una mayoría de catalanes que no están conformes (y no me extraña nada) con el hecho de seguir siendo españoles y convivir con el resto de los pobladores de esta piel de toro, tienen derecho a hacerse oír y tratar de buscar los mecanismos legales para conseguir, en algún momento, la independencia que plantean.

Pero, además de eso, sería necesario que pusieran encima de la mesa, de su propia mesa, todo un plan de acción política que asegure a los catalanes que seguirán teniendo una asistencia sanitaria y una educación dignas y de calidad, que se adoptarán medidas inequívocas y muy rigurosas para luchar contra la corrupción, que se respetarán los derechos humanos, económicos y sociales de los habitantes del nuevo Estado Catalán, y que, en definitiva, sus legítimas aspiraciones son algo más que una utopía hecha a base del humo que provoca tanto incendio dialéctico.

Desde luego, si a mí me convencen de que en ese nuevo país se va a vivir mucho mejor que en España, me van a cobrar la mitad de impuestos disfrutando de unos servicios públicos estupendos y baratos, e incluso voy a ser tremendamente más feliz, pues a lo mejor saco del cajón el pasaporte y me largo de España para convertirme en ciudadano catalanoindependiente.

Espero y confío en que, al final, se encuentre una solución para este tema antes de noviembre. Mientras tanto, cada vez que el Sr. Mas aparezca en la pantalla de mi televisor, prometo apagarlo de inmediato. Me niego a seguir soportando su eterna cantinela.