lunes, 24 de noviembre de 2014

EL TIEMPO

EL TIEMPO (por Lalo Monsalve)

Cuando te encuentras con alguien conocido en el ascensor, al que no tienes nada que decir y con quien no compartes absolutamente nada, lo habitual es empezar a hablar del tiempo.

Pues bien, eso mismo es lo que hace el Gobierno que padecemos. Como no tienen nada que decir, sobre todo Rajoy, al que no le gusta nada dirigirse al pueblo llano porque, sencillamente, pasa olímpicamente de todos nosotros, ya se han encargado de transmitir una consigna. Que en televisión se hable lo más posible del tiempo.

Así, cada noche en TVE, a las noticias de siempre le sigue, de manera inexorable, una larga perorata acerca del tiempo que hizo ayer, el que ha hecho hoy y lo que se avecina para los próximos días. Todo ello aderezado de una pléyade de imágenes multicolores, que representan isobaras por doquier, vientos de fuerza equis, la que sea, anticiclones varios, temperaturas máximas y mínimas, litros por metro cuadrado de lluvia, y hasta fotografías enviadas por personas de todos los confines de España.

A la primera la vienen emulando las demás cadenas, de manera que en horario prime time no hay posibilidad alguna de ver algo que merezca la pena. Ya he dicho en este mismo foro que a mí la tele me es algo completamente hidráulico, pero doy fe de que empiezo a odiar a tanto meteorólog@ y sus sucedáne@s.

La próxima vez que alguien quiera romper el hielo conmigo tratando de venderme la especie del tiempo que hace, le diré que ya no veo ni el telediario, para evitar tragarme toda una retahíla de datos que me importan un bledo. Y sigo sin entender la razón de que jamás nos den información del tiempo que hace en Portugal, país con el que compartimos nuestra piel de toro. Será que allí nunca hace ni frío ni calor, jamás llueve o hay sequía. A veces dicen algo de las Azores, quizás porque sientan morriña de aquel famoso y lamentable encuentro de aquellos líderes políticos de los que es mejor no acordarse.

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA MAYORÍA

LA MAYORÍA (por Lalo Monsalve)

Hace unos días, a través de Facebook, el propio Pablo Iglesias, líder de Podemos, me hizo llegar un corto vídeo sobre unas declaraciones del Presidente de Uruguay en una cadena de televisión latinoamericana.

Dice Pablo que a él no termina de sorprenderle José Mújica. Lo mismo me ocurre a mí cuando el Presidente se identifica, de la manera en que lo hace, con la mayoría de la gente de su país. Es un lujo tener un mandatario así, convencido de que sólo se ha de ocupar un cargo público si es para el servicio de los demás, sin lujos, sin prebendas, sin privilegios. Ser uno mismo como la mayoría de los otros.

Dice Mújica que no detesta a la minoría de los ricos, aunque él dona el 90% de su salario a los más pobres. Quiere dejar en paz a los poderosos y exige que ellos hagan lo mismo con su persona.

Ha habido mucha discusión acerca de si la mayoría tiene la razón en los procesos decisorios, como es el caso de unas elecciones generales. A algunos les encanta ponerse al lado de la mayoría porque, de esa manera, se sienten vencedores. En ese sentido, yo creo que Mújica ganará siempre, porque cada día demuestra que el representa a la mayoría de su pueblo, los más desfavorecidos, los más débiles, los que apenas tienen una voz que pueda oírse.

El Presidente se siente abrumado y abochornado cuando en Berlín la señora Merkel le recibe con una superberlina blindada, rodeada de decenas de policías. Igual que me pasaría a mí mismo, a cualquiera de los uruguayos que se enorgullecen de su líder.


Estoy convencido de que este tipo de actitud ante la vida y de comportamiento enormemente honesto es el que necesitamos en esta España hedionda, en la que a un gran número de políticos sólo les importa enriquecerse de la forma más rápida posible.


Ojalá esta nueva generación de futuros dirigentes que se atisba en el horizonte de nuestro país tomen buena nota, como me consta que lo están haciendo ya, del ejemplo de políticos como José Mújica, que anteponen el bien común al egoísmo en beneficio exclusivo personal. Que así sea.


lunes, 10 de noviembre de 2014

BUENAS VIBRACIONES

BUENAS VIBRACIONES (por Larry Romántico)

Hay muchos tipos de personas, y es lógico porque somos diversos, por fortuna. A medida que aumenta nuestra probabilidad de relación con los otros, se incrementa de forma directamente proporcional la oportunidad de percibir buenas o malas vibraciones.

Algunos individuos destilan buen rollo. Tal vez no sean conscientes de ello, pero nos hacen la vida más agradable. Su sola presencia, su encanto personal, es una gozada para el espíritu. Además, a mayor sencillez, mejor es el influjo que provocan en nosotros. Necesitamos más gente así, sobre todo en unos momentos en los que toda España está sumida en un enorme cabreo generalizado.

Por eso mismo, da gusto que aún caminen por la vida seres que parecen no estar impregnados por la negatividad que nos invade. Personas que se han colocado una coraza inexpugnable, con un letrero que dice, lisa y llanamente: "Conmigo no vais a poder".

A mí me agrada mucho acercarme a ellas, hablarles sin tapujos, dejar que fluyan mis inquietudes y mis sinsabores, porque sé que saben escucharme, me envuelve su mirada limpia, su tranquilidad, su serenidad, y luego me responden desde el corazón, mostrándome un conjunto de claves, de llaves con las que abrir puertas, que me parecían cerradas, ocultas, oscuras. Al final, consigo ver las cosas con una mirada distinta, relativizando el mundo, pequeño, que me rodea. Se me evade el ansia, y me encuentro más acompañado, tal vez de mí mismo. De alguien a quien olvidé hace tiempo y me estaba esperando.

Quiero dar las gracias a todos ellos. A los que no se dejan vencer. A los que apagan el televisor y leen un buen libro clásico, para recuperar las esencias, para renovarse e iluminarse de nuevo, cada día. Quiero transmitir también mi agradecimiento a los que aún nos escuchan con el alma, a los que no mueren un poco cada día, sino que nos dan vida a cambio de unas cuantas palabras. A los que les gustaría cambiar las cosas, porque aún tienen fuerzas para ello. A los que siguen soñando, porque el dinero no les quita el sueño.

A todos los que se preguntan si merece la pena vivir un día más, yo les digo: "Buscad a esas personas". Están más cerca de lo que creemos. No es difícil reconocerlas. Sobre todo, si miramos a los ojos de los demás y no les volvemos la espalda en cada esquina.  

domingo, 2 de noviembre de 2014

ÁNGELES CUSTODIOS

ÁNGELES CUSTODIOS (por Larry Romántico)

Mi querido amigo, El Chico del Niki Rojo, escribió hace tiempo que estaba muy agradecido a su ángel de la guarda particular. Sus comentarios acerca de su especial influjo protector me sorprendieron mucho, pues, hasta entonces, yo no había reparado en la cantidad de vicisitudes a las que me he enfrentado y de las que he salido airoso de manera extraña. Nunca pensé que uno o varios seres celestiales me estuviesen ayudando en esos lances. Pobre imbécil, tenía la sensación de que las batallas que he librado en mi vida las había ganado yo solito.

Sin embargo, estos días he estado reflexionando sobre ello. La otra tarde me empeñé en contestar por escrito a un indeseable. Algo me decía que no merecía la pena hacerlo, pero continué. Estaba utilizando el correo electrónico y, de repente, me apareció un mensaje en pantalla explicando que la conexión con el servidor se había perdido. Como un rayo utilicé la opción "copiar" para salvar el texto que ya había escrito. En un instante, me encontré fuera del programa.

Como soy persona obstinada, volví a entrar en el correo. El texto no se había guardado de manera automática como borrador. Lo había perdido. Así que inicié uno nuevo y pegué lo que había copiado. Me alivió recuperarlo y seguí escribiendo, con un tono cada vez más duro y exacerbado. Estaba machacando al contrario, a mi enemigo. A los dos minutos, cuando estaba pensando en una nueva frase, volvió a aparecer el mismo mensaje aterrador: "Se ha perdido la conexión con el servidor". Esta vez, ni siquiera tuve opción de copiar lo que tenía escrito.

Me di por vencido. Era inútil volver a copiar el texto inicial y repetir los nuevos párrafos. Ya no habría sido lo mismo. Apagué el ordenador y me fui a la cama, malhumorado por mi mala suerte y muy cabreado con mi servidor de correo.

Esta semana me telefoneó un amigo para comunicarme la muerte del destinatario de mi mensaje la misma noche en la que traté de hacérselo llegar. Quedé perplejo y shockado. Entonces, comprendí lo que había sucedido y me horroricé. Alguien, muy probablemente mi ángel custodio, me estaba dando a entender que era estúpido lo que estaba haciendo. No tenía sentido. Esa persona nunca leería mi mensaje. Yo no podía hacerle daño con mis palabras porque, en ese momento, ya no estaba entre los vivos.

Ese día comí muy poco. No paraba de darle vueltas a ese suceso. Me estaba limpiando los dientes frente al espejo del baño y el agua me pareció algo más fría que de costumbre. Me imaginé a mí mismo de nuevo frente al ordenador, al tiempo que una voz interna me susurraba: "No te molestes, cabrón. Ya estoy leyendo lo que escribes. Me estás poniendo a parir. Y no puedo responderte, pero ya lo haré". 

Llevo dos días durmiendo poco. Y ahora no sé si creo más en mi ángel custodio o en la vida después de la vida. Mi recomendación es sencilla: cuando tengáis la impresión de que  hay algo o alguien que no parece desear que hagáis una cosa o que ésta se pone cada vez más difícil sin motivo aparente, está claro que no procede. Dejadlo pasar. Será que tenía que ser así. Estoy convencido.