jueves, 27 de agosto de 2015

EXÁMENES

EXÁMENES (por Lalo Monsalve)

En una de aquellas interminables charlas con mi amigo El Chico del Niki Rojo, llegamos a la convicción de que la vida era un continuado proceso de examen. Desde pequeños, siempre se esperaba algo de nosotros. De un modo u otro, se nos iban exigiendo cosas. Y había que estar a la altura de las circunstancias.

Enumeraré algunas de ellas: tener un buen comportamiento, ser un hijo cariñoso y respetuoso con las personas mayores, aplicado estudiante, amigo de tus amigos; en suma, un montón de requisitos. Todo lo anterior podría resumirse diciendo que era lo que se esperaba de uno.

A lo largo de los años sufrimos numerosas pruebas y nos enfrentamos al criterio y evaluación de muchos examinadores de todo tipo y condición. Algunos de esos test no hubo más remedio que pasarlos de manera obligatoria, pero bien es verdad que a otros nos sometimos voluntariamente. Tal vez varios de aquellos tribunales (fuesen individuales o colectivos) no estuvieran siquiera capacitados para juzgarnos. Y sin embargo, nos pasaron por la piedra. Aprobamos y suspendimos. Nos graduamos, diplomamos y licenciamos con documentos firmados por otros. Pero casi todo era una tremenda falacia.

En realidad, el verdadero juez mora en cada uno de nosotros. Somos plenamente conscientes del efecto de las acciones que llevamos a cabo. Nos damos perfecta cuenta de que acertamos o la cagamos. Podemos tratar de engañar a los demás, pero no a nosotros mismos. Y si nos vemos en apuros, en verdaderas dificultades, sacamos la "chuleta" y, sin que los otros se percaten, copiamos lo que nos dijeron que era lo correcto. A veces cuela, pero sabes bien que no estabas para aprobar. No diste la talla.

Finalmente, llega un momento en el que te cansas de examinarte a tÍ mismo y de ser un conejo de Indias para los demás. Pasas de experimentos. Disfrutas fluyendo. No juzgues y no serás juzgado. ¿Para qué tanta prueba y ensayo?. ¿Por qué estar continuamente de exámenes?. ¿Qué más títulos necesitamos para adornar habitaciones y despachos?.

Estamos casi en septiembre. Es tiempo de recuperación para muchos que no superaron el curso normal y tienen una nueva oportunidad. Antes se denominaban exámenes extraordinarios. Ahora no sé si lo normal es llegar a febrero del año siguiente con un montón de asignaturas pendientes.

Yo tenía la impresión de que aún me quedaban nuevas cotas por alcanzar, pero me asalta la duda horrible de si están justificados nuevos esfuerzos. Si aún es necesario que me demuestre algo más a mí mismo o a mis semejantes. Estoy cansado de estudiar, aunque estoy convencido de que no sé casi nada de todo.

Tengo deudas sin pagar, pero no son económicas, sino sentimentales. Temo no haber superado con acierto ciertas pruebas. Y lo lamento profundamente. No obstante, se me acabaron las convocatorias reglamentarias y carezco de más oportunidades para corregir los errores que condicionaron mi calificación negativa. Todo eso me lo llevaré a la tumba o al crematorio. Aún lo estoy meditando.