lunes, 30 de noviembre de 2015

MIRONES

MIRONES (por Larry Romántico)

Me admiran las personas capaces de escrutinizar las cosas. Observan cada detalle con detenimiento, ven más allá y lo recuerdan casi todo. Sin embargo, la mayoría de nosotros miramos, pero no vemos. Cuando nos preguntan acerca de una situación que acabamos de vivir o una circunstancia que hemos presenciado hace un minuto, apenas podemos facilitar una escasa información visual sobre ello.

Si hay algo en la vida que me aterra es quedarme ciego, aunque soy consciente de que hay muchas personas ciegas que ven más que yo. No pueden utilizar sus ojos, pero sí han desarrollado al máximo el resto de sus sentidos, con una percepción asombrosa.

Existen muchas formas de ver o tal vez diría de sentir. Incluso, si cerramos los ojos, se pueden observar otros mundos a través de las sensaciones. A veces, hasta se nos ve venir. Es posible intuir lo que deseamos, pensamos, ocultamos o sabemos. Los silencios pueden evidenciar muchas más cosas que una mirada. Si una imagen vale más que mil palabras, ¿cuántos silencios necesitan unos ojos que no son capaces de ver?. En realidad, ¿el corazón no siente por culpa de unos ojos que no ven?. ¿Las personas ciegas son insensibles?. No lo creo en absoluto.

Cuando era un niño, los ciegos me daban miedo. Han pasado los años y ahora quien me horroriza soy yo mismo por tantas ocasiones y momentos en los que me ha cegado la ira, la codicia, el deseo, la avaricia o los celos. Miraba, pero no era capaz de ver. Me asusta conocer todo lo que soy capaz de ser, de hacer. Todo ese poder que me otorga mi propia libertad. Si uno se detiene unos minutos a reflexionar sobre ello, resulta que es tremenda la cantidad de bien o mal que puede emanar de nuestros actos u omisiones. Daría cualquier cosa por saber canalizar, de manera adecuada, toda esa energía.

Nos hemos acostumbrado a considerar la ceguera como un drama ajeno, algo que padecen los demás, sin darnos cuenta de que nosotros mismos somos una pléyade de mirones, que nos quedamos sólo con la apariencia, sin profundizar en el detalle, sin ver más allá de unos cuantos árboles, que nos impiden reconocer el bosque que se oculta detrás de cada persona. La mayoría no tenemos solución. Somos miopes inoperables porque no hay suficiente láser en el mundo del que puedan beneficiarse nuestras córneas.






sábado, 21 de noviembre de 2015

BECARIOS SENIOR

BECARIOS SENIOR (por Lalo Monsalve)

Aunque no soy muy amigo de las citas, y menos de las bíblicas, traigo hoy a colación, por su pertinencia, una de los Proverbios: “La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas”.

Y es que la otra tarde estuve viendo “El becario”, una estupenda interpretación de Robert de Niro, sobre la posible aportación a la vida laboral de aquellas personas que, una vez retirados, siguen echando de menos trabajar en una empresa.

Recomiendo en particular esta película tanto a los jóvenes emprendedores o no como a los mayores que están aburridos de tanto viaje turístico sin sentido con cargo al INSERSO, de las interminables jornadas en el centro social, las partidas de petanca, ajedrez, dominó o mus en los parques, las labores de punto a pesar de que la vista ya no da más de sí, las agotadoras visitas de hijos y nietos y muchas otras actividades de ocio, así como las consabidas consultas, análisis y pruebas médicas ineludibles, debidas a los achaques de la edad.

Me consta que hay muchos casos de señoras y señores que, prejubilados o no, estarían dispuestos a colaborar prestando de manera gratuita y altruista sus conocimientos y experiencia a los más jóvenes. El saber, las canas y la fuerza, el vigor y el ímpetu juvenil pueden resultar en una combinación arrolladora que se lleve por delante todas las dificultades e impedimentos. La iniciativa imparable, las ganas sin término, junto a la reflexión, la calma y la discreción son ingredientes de una fórmula magistral que puede conducir al éxito en la persecución de las más complicadas metas.

Sin entrar a valorar algunas circunstancias del film (como es el caso de ciertos gags y su propio desenlace poco creíble), me quedo con la importancia del mensaje que transmite. El pack integrado por juventud y veteranía no sólo es capaz de funcionar en el ámbito del trabajo, por muy vanguardista que sea una empresa, cuando media un mínimo de confianza recíproca, sino que puede significar un estímulo también para la realización personal por ambas partes, a pesar de las aparentes dificultades relacionales y las barreras físicas y mentales que se derivan de una enorme diferencia de edad.

Me atrevo a recordar que no sólo los mayores padecen las duras consecuencias de una existencia en plena soledad. Hoy en día es ya un tópico que multitud de jóvenes se sienten solos, a pesar de la proliferación de tanta red social y espíritu de fiesta. No obstante, mucho me temo que no están para escuchar monsergas de la gente mayor, porque ni siquiera se detienen a escuchar a sus propios padres.

Yo fui un adolescente al que le gustaba escuchar batallitas de abuelos, vivencias de lobos solitarios fracasados o triunfadores y tristezas de viejas viudas. Sin embargo, ahora que vivimos en la sociedad de la información, que nos desborda por todas partes, parecerá extraño que manifieste que echo de menos aquellas conversaciones en las que aprendí tantas y tantas cosas, y me percaté de que lo que le sucedió un día a uno también te puede ocurrir a ti mismo.

En ese caso, si él o ella actuaron sabiamente, será bueno tomar nota. Y si se equivocaron y la cagaron, pues también. Y si a uno le dejó la novia por otro, o si le tocó la lotería y se lo gastó todo en gilipolleces y se arruinó, o si fue capaz de comprarse tres pisos ganando una mierda de sueldo, o si pudo alimentar y educar a cinco hijos con un marido fallecido de manera súbita y a temprana edad. Todo eso me pareció aprovechable. En definitiva, un alumno de la Universidad de la Vida en una carrera
para la que no hace falta matricularse. Numerosas asignaturas cursadas por unos y otros, que también te va a tocar estudiar a ti. Más vale que te dejes aconsejar, para que te resulte más fácil aprobar cada curso.

De lo contrario, lo llevas crudo, compañero/a.



lunes, 9 de noviembre de 2015

SUPERFICIALES

SUPERFICIALES (por Lalo Monsalve)

Charlaba con una compañera de oficina sobre asuntos cotidianos cuando, de repente, le escuché decir: "Aquí cada uno va a lo suyo menos yo misma, que voy a lo mío". Entonces, comenzó a reír a carcajadas. Se suponía que era una especie de chiste. Le pregunté si se creía realmente lo que acababa de comentar y me contestó: "Pues claro, a la hora de la verdad, a los demás les importamos una mierda". Me pareció convencida de ello.

Mientras volvía a casa, le iba dando vueltas a ese asunto, repasando de memoria mis relaciones con mis seres más cercanos: familia, amigos, compañeros de trabajo y conocidos varios. Y comencé a desgranar un rosario de cuestiones para intentar llevar a cabo una valoración objetiva sobre el papel que yo podía estar jugando en sus vidas. ¿En realidad yo les importaba?. ¿Me preguntaban habitualmente por mi salud o mi estado de ánimo, por mis problemas, inquietudes, necesidades, carencias?. ¿Cuántas llamadas telefónicas había recibido de cada una de esas personas a lo largo de la última semana?. ¿Cuántas veces habíamos quedado para charlar en los últimos meses?.

No me rodeo de mucha gente, por lo que la evaluación no me llevó demasiado tiempo. Sin embargo, los resultados me dejaron aterrorizado. A excepción de los más allegados; es decir, algunos miembros de mi familia, a los que, por cierto, yo solía requerir bastante más que ellos a mí, con el resto tuve que reconocer que existía una relevante frialdad. En definitiva, nuestra relación estaba bajo mínimos. Entonces, entré en un extraño estado de pánico. Mi compañera de trabajo podía tener razón. Les importo un carajo a unos cuantos, más bien a muchos diría yo.

Como me conozco, no quise dedicar toda la noche a investigar acerca de las causas de tal desafección. Ni a dilucidar de quién podría ser la culpa de ese vacío. Se supone que la responsabilidad corresponde a ambas partes. Pero ¿por qué?. ¿Cuáles serán los motivos y razones de ese desapego, de esa distancia, ese muro que hemos construido unos y otros?.

Reconozco que reenviar e-mails o whatsapps no es una manera sensata de comunicarse. Tampoco escribir estupideces en Facebook o Twitter. Por tanto, ¿qué otras cosas de mayor enjundia podemos hacer para combatir la superficialidad que nos está invadiendo?.

Habrá que darle la vuelta a la tortilla, pensé. ¿Qué es lo contrario de lo superficial?. Pues la profundidad, me respondí. ¿Y cómo resultar más profundo?. ¿Cómo impactar lo suficiente?. ¿Cómo conseguir ser realmente importante y convertirse en un ser requerido para los demás?. ¿Acaso bastaría simplemente con que los otros sepan que estás ahí, por si acaso?.

Era curioso, pero me había salido una frase interrogativa que comenzaba con la misma palabra que terminaba. Pero, ¿dónde empezaba y acababa dicha palabra?. ¿Sólo nos buscan cuando nos necesitan?. ¿Qué tiene que ocurrir para que las cosas ocurran?. Otra vez me estaba repitiendo. Me encontraba perdido dentro de una espiral y me temía que no sabría salir con éxito de ella sin marearme.

Creí que lo mejor sería urdir un plan preconcebido a conciencia. Me haría notar sin parecer un pesado. Me ofrecería para lo que fuera. Intentaría citarme físicamente con mi gente, utilizando aquello de: "Hace ya mucho que no nos vemos...".

Por supuesto, también tendría previsto un plan B. Si la cosa no resultase, pasaría olímpicamente de todos ellos una temporada. Sin llamadas, sin visitas, sin quedadas. Como si estuviera muerto. Entonces, seguro que reaccionarían. Me echarían de menos. No soportarían no saber de mí. Un plan muy arriesgado, sí, en el que me jugaría mucho. Pero podría ser la prueba de fuego demostrativa de que, en efecto, querida compañera, a los demás uno les importa una mierda.

Sabed todos que he dado comienzo a la fase 1 de mi plan escribiendo esta entrada en el presente Blog. Confío en tener un éxito razonable. De lo contrario, comprended lo que me aterrorizaría tener que echar mano del plan B. Lo digo en serio.

¡Qué triste!, ¿verdad?.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

HORIZONTE ELECTORAL

HORIZONTE ELECTORAL (por Lalo Monsalve)

Uno tiene la sensación de que vivimos en una permanente e insistente campaña electoral, pues se suceden sin cesar los distintos comicios municipales, autonómicos y nacionales.

Por primera vez desde el nacimiento de nuestra Democracia (lo llaman Democracia y no lo es, dicen algunos) hay cuatro partidos políticos metidos dentro de un pañuelo optando al Gobierno del país. Se habla del fin del bipartidismo y todo parece indicar que será así.

Frente a lo ya conocido (y padecido) y demostrado por PSOE y PP en sus prolongadas etapas de desgobernanza, afloran Podemos y Ciudadanos como candidatos a mover los cimientos del Estado, sugiriendo futuros cambios en modos y formas que, por el momento, no dejan de ser, como no podía resultar de otra manera, meras promesas.

Lo que pareció un resurgir de la conciencia social y la participación ciudadana (Podemos), ha perdido cierto fuelle en las encuestas, después de una presión mediática y política casi insoportable en los últimos meses, buscando el desgaste de los "morados" a toda costa.

Por otro lado, los del partido "naranja" se presentan bajo la marca de las manos limpias y blancas, presumiendo de decencia, pero con un tufillo notable a liberalismo salvaje, que puede echar hacia atrás al ciudadano que ya está cansado de experimentos privados e impuestos directos e indirectos por doquier.

El PSOE es, desde hace tiempo, una holografía difusa de proyecto político. Se trata de un espectro que vaga por las esquinas mendigando un puñado de votos que resulte suficiente para mantener, a la desesperada, la llama que se apaga lentamente. Ni siquiera echando mano de figuras independientes y de críticos fracasados, el chasis mejorará con un trabajito de chapa y pintura. Se ofrece más de lo mismo, con un Pedro Sánchez que recuerda demasiado a ZP. Un producto de marketing de todo a 100.

El follón catalán está favoreciendo al PP. La gente tiene miedo con facilidad. Sobre todo, los más mayores necesitan estabilidad. La inseguridad es mala consejera de cara a las urnas. A pesar de la corrupción como seña de identidad de los populares, a los que sólo interesa hacer negocios y vaciar al Estado, mucha gente les votará porque ve en ellos la mano izquierda que España necesita. Aquellas bofetadas que servían para corregir desvaríos es algo que llevamos en los genes. En el fondo, nos va la marcha y el sufrimiento lo tenemos marcado a fuego en el ADN. Aún perviven altas dosis de masoquismo en la población más madura, que las pasó canutas hasta que consiguió un nivel de vida jamás soñado siglos atrás.

En definitiva, será divertido comprobar como el ciudadano asqueado de los políticos, volverá a introducir el voto en la urna al salir de misa o al regresar del fin de semana en el pueblo. El rebaño, teledirigido por los medios de comunicación, lo pondrá todo perdido de papeletas. No tenemos remedio. A finales de diciembre, algún afortunado tendrá la perspectiva de ser nombrado Presidente. La liará parda durante unos años y se irá a su casa con un sueldazo para toda la vida. Y sin comprar un sólo cupón de la ONCE.  



martes, 3 de noviembre de 2015

NOCHES DE DIFUNTOS

NOCHES DE DIFUNTOS (por Larry Romántico)

Estos días vuelve al ambiente social el culto a la muerte. Miles de ciudadanos de todo el país visitan los cementerios para depositar ramos de flores y macetas con plantas sobre las lápidas bajo las que yacen los restos de sus parientes difuntos.

Probablemente, muchas de esas personas siguen recordando cada día a sus seres más queridos. A mí, por ejemplo, la muerte de mi madre no se me ha olvidado a pesar del tiempo transcurrido y la llevo en mi pensamiento casi a diario. Sin embargo, no soy amigo de los cementerios. Creo que allí no moran los espíritus sino los vestigios de cuerpos descompuestos por los microorganismos.

Sin embargo, hace poco llegó a mis oídos un suceso que tuvo lugar el año pasado y que me impactó hondamente. Un matrimonio con dos hijos viajó a un pueblo castellano con la intención de visitar la tumba de los padres de ella en el cementerio situado a las afueras de la localidad. Ya caía la noche cuando el marido y la mujer atravesaron la puerta de hierro forjado, localizaron la tumba, depositaron un ramo de rosas y musitaron alguna oración, mientras el niño y la niña jugueteaban entre las lápidas ajenos a ese ritual.

Después de un rato, salieron los padres y la niña. Pero no el niño. En la oscuridad no se le veía y le llamaron. Sin embargo, el chaval no respondió. Ante la insistencia de sus padres, finalmente salió de allí. ¿Qué hacías?, le preguntaron. "Estaba hablando con Raúl", respondió. ¿Qué dices?, ¿Nos estás gastando una broma?. "No papá, te digo la verdad, está triste y quiere ser mi amigo. Le he dicho que me tenía que ir ya".

Los padres y la niña no insistieron más. Simplemente, no le dieron mayor importancia al asunto. Cosas de niños, pensaron sus padres.

No obstante, al regresar a la población, vieron una muchedumbre cerca de la plaza. Al llegar allí, preguntaron qué era lo que sucedía. La respuesta de una de las lugareñas, con los ojos bañados en lágrimas fue: "Ha habido un terrible accidente hace un rato, un coche ha atropellado a Raúl, el hijo del alcalde, y el niño ha muerto. ¡¡¡Qué tragedia más grande, Dios mío!!!".

El matrimonio palideció y su hijo, esbozó una sonrisa al tiempo que decía: "No os preocupéis, no está muerto. Os dije que he estado hablando con él".

Sin comentarios.