sábado, 23 de abril de 2016

RESPUESTAS

RESPUESTAS (por Larry Romántico)

Hace muchos años me embarqué en la atractiva tarea de elaborar el árbol genealógico de mi familia. Mis pretensiones no eran en absoluto de índole científico. Sólo me movía la curiosidad para saber quienes habían sido los responsables de mis ocho primeros apellidos, que ni son vascos ni catalanes.

La cuestión más importante para empezar a trabajar es poder preguntar, pero el trance se complica cuando tus padres han fallecido y nunca antes habías tenido el más mínimo interés por la identidad de tus ancestros. El segundo problema es obtener información de cada una de las ramas del árbol (abuelos y bisabuelos). Por fortuna, conocí a todos mis abuelos, pero nunca supe nada de la vida de sus padres.

A medida que avanzaba en mis investigaciones, conforme a los datos que me aportaban otros miembros colaterales del tronco común, comprendí comportamientos que, en su momento, me parecieron extraños. No se trataba sólo de indicar nombres y fechas de nacimiento y fallecimiento, sino que elaboré una ficha de cada uno de los ancestros de los que o no tenía ningún dato o apenas alguna referencia.

Por ejemplo, averigüé que mi abuelo paterno tenía muy mal genio. Esta característica muchas veces viene de serie con el material genético, pero, posiblemente en este caso, ese comportamiento difícil derivase de su amargura por la derrota de los suyos en la Guerra Civil.

¿Quiénes eran mis antepasados?. ¿De dónde procedían?. ¿A qué se dedicaban?. ¿Cómo vivieron?. ¿Cuál fue la causa de su muerte?. Todas estas incógnitas se fueron despejando, no sin notable esfuerzo y después de conversar con muchas personas. Esa información que obtuve habría dado, desde luego, para escribir una estupenda novela y estuve ciertamente tentado de hacerlo, aunque decidí demorar la tarea hasta que transcurriera el tiempo suficiente para ir asimilando todo aquello y construir el esqueleto de una historia atrayente para el gran público.

Sin embargo, cometí el craso error de mantener esa documentación en un ordenador personal, el cual fue objeto de un ataque viral y perdí la carpeta en la que figuraba aquel pequeño árbol y los frutos que colgaban de él. De repente, me inundó un terrible vacío. Mi memoria no es fotográfica y sólo conservaba en mi mente algunos fragmentos de toda aquella información. Las respuestas a tanta pregunta se habían esfumado. Parte de la posible justificación de mi carácter, de mi personalidad, de lo que soy, se había volatilizado para siempre jamás.

Algunos me preguntan qué fue de aquel proyecto y confieso que me avergüenza facilitar una contestación a mis interlocutores. Desde luego, carezco del ánimo suficiente para comenzar de nuevo con este tema. Además, muchos de mis informadores ya no están entre nosotros y considero irremediablemente perdida la posibilidad de recuperar datos cruciales para la trama literaria.

No obstante, ahora sé mucho más de mí de lo que imaginaba y justifico acciones de otros que no comprendí en su día. Me gustaría sugerir a todos un ejercicio retrospectivo similar, pues resulta útil para el espíritu. Alertando, eso sí, de la necesidad de hacer siempre una copia de seguridad de cada jornada de trabajo. De lo contrario, el fracaso está garantizado.

   


sábado, 2 de abril de 2016

POSTUREOS Y DEVANEOS

POSTUREOS Y DEVANEOS (por Lalo Monsalve)

Si hay algo que llevo a gala es que soy uno del montón, una persona normal, como tantas otras. Por eso estoy cabreado, como muchos, formando parte de un enorme ejército de ciudadanos y ciudadanas que no se merecen los políticos que se sientan en sus cómodos escaños del Congreso y del Senado ni determinados cargos que pululan por ayuntamientos, comunidades autónomas y provincias.

En este mismo blog ya se habló de que las perdices necesitaban altas dosis de Biodramina en este país porque nuestros representantes las mareaban sin solución de continuidad. Ha pasado el tiempo y, en la actualidad, podrían repetirse esos mismos comentarios. Estoy harto de tanto juego al despiste, de las numerosas cábalas y cálculos para encajar mayorías que no existen, del trabajo que cuesta descolgar ciertos teléfonos, de desencuentros aparentes y de los más evidentes. Ya no admito más ruedas de prensa, fotos por parejas, tiras y aflojas, manos sin estrechar y ofertas para tender puentes que nunca se construyen.

Está claro que uno no puede pretender que se asuman las ideas y proyectos que jamás compartirá. En ese sentido, comprendo ciertas posiciones políticas. Por otro lado, siempre he pensado que el PP y el PSOE eran algo parecido al agua y el aceite, los cuales no son líquidos miscibles, como está científicamente demostrado. Si eso sigue siendo así, no deberían intentarnos vender la moto de una posible coalición porque hablamos de maneras de entender la vida totalmente diferentes.

Ahora bien, si lo que tratan de que traguemos es que el PP ahora es el centro, el PSOE (autodefinido como socialdemocracia) también tiende hacia el centro, y el nuevo partido que ha firmado un presunto acuerdo con el PSOE es centrista, pues no veo problema alguno en que intenten formar un tripartito. Eso es, por otra parte, lo que aplaudirían las empresas del Ibex 35, como se dice por ahí, a fin de mantener el "establishment", "status quo" o como queramos llamarlo. La estabilidad, a fin de cuentas, y que todo siga más o menos igual. Los ricos aún más ricos y los pobres en su sitio, del que nunca deberían moverse. Jóvenes lanzados a la esclavitud y viejos amenazados de futuras escuálidas pensiones.

Por tanto, basta ya de tanto postureo y sonrisa forzada. Soy consciente de que a algunos les encanta salir por TV, simulando un denodado esfuerzo por alcanzar un pacto con quien sea (excepto Mariano, que se mantiene al margen de cualquier movimiento distinto al ya conocido "verlas venir"). Al grito de guerra de "Yo estoy abierto a acuerdos con todos, siempre que cada uno ceda un poco en sus planteamientos", nos quieren hacer creer que existe una voluntad firme para ello. Sin embargo, la gente no es imbécil y el personal ya ha calado a toda esta tropa durante los últimos meses.

Me siento cansado de oír que el pueblo está agotado de tanto discurso estéril, de tanta pantomima, de esta enorme tomadura de pelo, a sabiendas de que, en la improbable hipótesis de que alguien que no fuese Rajoy saliera investido, no se podría aprobar ley alguna que tuviese que visitar la sede del Senado. Siguen pasando las semanas y todos continúan mareando aves voladoras que no tienen culpa de toda esta desidia.

Lo peor de todo es que llegará el día en que se disolverán de nuevo las Cortes Generales, los diputados percibirán sus disparatadas indemnizaciones, regresarán a los colegios las urnas de metacrilato y el gasto en papeletas, pdas, ordenadores y demás parafernalia. El público se perderá un domingo apabullado desde temprana hora por los medios de comunicación, ávidos de fracasos. La mala noticia de que todo seguirá siendo más de lo mismo a partir del mes de julio nos pillará en metro y autobús, con la cabeza agachada y la mirada perdida en el infinito, preguntándonos de nuevo por qué nos está pasando esto a nosotros y si podremos ir de vacaciones a algún sitio tranquilo, lejos de tanto mamoneo.