sábado, 2 de abril de 2016

POSTUREOS Y DEVANEOS

POSTUREOS Y DEVANEOS (por Lalo Monsalve)

Si hay algo que llevo a gala es que soy uno del montón, una persona normal, como tantas otras. Por eso estoy cabreado, como muchos, formando parte de un enorme ejército de ciudadanos y ciudadanas que no se merecen los políticos que se sientan en sus cómodos escaños del Congreso y del Senado ni determinados cargos que pululan por ayuntamientos, comunidades autónomas y provincias.

En este mismo blog ya se habló de que las perdices necesitaban altas dosis de Biodramina en este país porque nuestros representantes las mareaban sin solución de continuidad. Ha pasado el tiempo y, en la actualidad, podrían repetirse esos mismos comentarios. Estoy harto de tanto juego al despiste, de las numerosas cábalas y cálculos para encajar mayorías que no existen, del trabajo que cuesta descolgar ciertos teléfonos, de desencuentros aparentes y de los más evidentes. Ya no admito más ruedas de prensa, fotos por parejas, tiras y aflojas, manos sin estrechar y ofertas para tender puentes que nunca se construyen.

Está claro que uno no puede pretender que se asuman las ideas y proyectos que jamás compartirá. En ese sentido, comprendo ciertas posiciones políticas. Por otro lado, siempre he pensado que el PP y el PSOE eran algo parecido al agua y el aceite, los cuales no son líquidos miscibles, como está científicamente demostrado. Si eso sigue siendo así, no deberían intentarnos vender la moto de una posible coalición porque hablamos de maneras de entender la vida totalmente diferentes.

Ahora bien, si lo que tratan de que traguemos es que el PP ahora es el centro, el PSOE (autodefinido como socialdemocracia) también tiende hacia el centro, y el nuevo partido que ha firmado un presunto acuerdo con el PSOE es centrista, pues no veo problema alguno en que intenten formar un tripartito. Eso es, por otra parte, lo que aplaudirían las empresas del Ibex 35, como se dice por ahí, a fin de mantener el "establishment", "status quo" o como queramos llamarlo. La estabilidad, a fin de cuentas, y que todo siga más o menos igual. Los ricos aún más ricos y los pobres en su sitio, del que nunca deberían moverse. Jóvenes lanzados a la esclavitud y viejos amenazados de futuras escuálidas pensiones.

Por tanto, basta ya de tanto postureo y sonrisa forzada. Soy consciente de que a algunos les encanta salir por TV, simulando un denodado esfuerzo por alcanzar un pacto con quien sea (excepto Mariano, que se mantiene al margen de cualquier movimiento distinto al ya conocido "verlas venir"). Al grito de guerra de "Yo estoy abierto a acuerdos con todos, siempre que cada uno ceda un poco en sus planteamientos", nos quieren hacer creer que existe una voluntad firme para ello. Sin embargo, la gente no es imbécil y el personal ya ha calado a toda esta tropa durante los últimos meses.

Me siento cansado de oír que el pueblo está agotado de tanto discurso estéril, de tanta pantomima, de esta enorme tomadura de pelo, a sabiendas de que, en la improbable hipótesis de que alguien que no fuese Rajoy saliera investido, no se podría aprobar ley alguna que tuviese que visitar la sede del Senado. Siguen pasando las semanas y todos continúan mareando aves voladoras que no tienen culpa de toda esta desidia.

Lo peor de todo es que llegará el día en que se disolverán de nuevo las Cortes Generales, los diputados percibirán sus disparatadas indemnizaciones, regresarán a los colegios las urnas de metacrilato y el gasto en papeletas, pdas, ordenadores y demás parafernalia. El público se perderá un domingo apabullado desde temprana hora por los medios de comunicación, ávidos de fracasos. La mala noticia de que todo seguirá siendo más de lo mismo a partir del mes de julio nos pillará en metro y autobús, con la cabeza agachada y la mirada perdida en el infinito, preguntándonos de nuevo por qué nos está pasando esto a nosotros y si podremos ir de vacaciones a algún sitio tranquilo, lejos de tanto mamoneo.



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